Somier

La saliva esta cayendo por el cuello y el olor esta imponiendo su reino en la habitación a oscuras donde esos dos cuerpos que tiritan rompen los tabúes y conjuran buscando arder en el infierno de la condena eterna. Saben que esta mal pero les da igual, y esos ataques de arrepentimiento no duran apenas nada en comparación con su piel erizada. La boca se abre y emite ruidos sordos. La cadera se mueve como si tuviera vida propia. Y desnudos al anochecer los encontró la Luna. Luna era la novia de Juan “de toda la vida” y Marta era la “fulana” del pueblo. Esas fulanas son siempre las menos putas y suelen ser bastante mas sinceras que las demás. Todos los chavales del pueblo soñaban con Marta pero ninguno lo reconocería, en las sociedades rurales hay ciertas cosas que pueden joder no solo tu reputación si no la de toda tu familia. Luna, despechada, corrió calle abajo como si hubiese visto al mismo diablo y gritaba: “-Bruja!!! Bruja!!!!”. A Marta se la sudaba porque en general se la sudaba todo. Pensaba que, en general, las cosas no eran para tanto. Con tal de conseguir una buena historia que contar en el futuro era capaz de cualquier cosa. Incluso esta mierda de cuento no tendría ningún sentido si no fuera porque el que la esta escribiendo es el colchón sobre el cual retozaban esos dos hijos de puta. Y ahora estoy esperando a que vengan Luna y Juan y decidan reconciliarse encima mío y yo me cagaré en sus muertos, en todos y en los que vendrán. Hijos de puta, hijos de la gran puta.

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